jueves

Historia de la hermosísima Mariela e Hilario, el futbolista


Este es el relato de las peripecias que debió sortear la pasión que sienten Hilario, el futbolista y la hermosísima Mariela, para transformarse en un amor que atraviesa siglos y universos; pero antes de contarlo, debo sincerarme y explicar el porqué del título.
En libros tales como La guerra y la paz; Ficciones, 20 poemas de amor y una canción desesperada, por ejemplo, el título nos da una cierta idea del contenido, pero en estos tiempos en que el fútbol mueve multitudes de gentes y de dineros, se tiene mayor eco si se cuentan historias sobre futbolistas, aunque debo reconocer que Hilario mucho de futbolista no tiene, al menos no lo tiene en nuestra realidad, pese a lo que afirma el título de este relato.
Como a todo rioplatense bien parido, a Hilario le atrae eso de intentar manejar eficientemente una pelota en la cancha, y por ahí, cuando va caminando y se les escapa la pelota a algunos que sí están jugando un picadito en un potrero, él, que quiere lucirse, se las patea con efecto (son tiempos y lugares en que la pelota aún dobla) o con fuerza, dependiendo de la distancia a la que se encuentren esos tipos que le están gritando “a mi, amigo, tirámela a mí…”…pero jugar, jugar eso lo hace una vez cada año o cada seis meses a lo sumo, con sus compañeros de oficina o con algunos amigos, y en cada ocasión, como muy deportista no es, queda con todos, pero todos los músculos envarados por cuatro o cinco días y puteando porque apenas puede caminar o moverse.
Por esta falta de cancha las pelotas pateadas con efecto por Hilario, generalmente terminan en cualquier lado y ese cualquier lado queda más lejos de los futbolistas de lo que estaba cuando le pidieron a Hilario que se las alcanzase. El tipo que se la pedía se lo agradece con cara de “…bueno, por esta vez está bien amigo, pero no me la alcances más ¿si?”, mientras lo que están más lejos, escudándose en el número y el anonimato, hasta se animan a gritarle un “pataduuuuuuura”, que Hilario hace como que no escucha.
En cuanto a Mariela, sí, ella sí tiene unos ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos; también tiene un buen par de tetas que las menea provocadoramente cuando se te viene acercando y…, sinceramente, no tiene muchas más cosas que pueda aportar a considerarla bellísima.
Vista desde atrás…no dice mucho.
Su cabello castaño cortado hasta los hombros es común; sus manos son evidentes manos de mujer que realiza tareas en su casa, trabaja medio tiempo en un laboratorio de cosméticos y de noche estudia para terminar una carrera terciaria.
Sus piernas si bien no son feas, pecan de ser un poco cortas y esos rollitos de su cintura que casi no se notan vestida como para pasar el invierno, en verano la inhiben de usar “tops” y le molestan un poquito cuando en la playa se tiene que poner una bikini.
Ella considera una situación embarazosa eso de ponerse una bikini, aunque convengamos que en este aspecto –embarazos- aún no figuró ni a placé. Apenas unos aprouchs con algunos noviecitos de la secundaria y el profesorado, que le mostraron que si bien hacer el amor es lindo, hacerlo con tranquilidad debe ser mucho más lindo.
En definitiva, ninguno de los dos es lo que el título hace suponer que son.
Pero bueno, esta es la historia de los escollos que debió sortear la pasión de ellos para transformarse en ese amor del que hablamos más arriba y, precisamente, no ser famosos y hermosos fue uno de los tantos escollos que debieron eludir para apasionarse Hilario y Mariela, él y ella, el novio y la novia y también debe decirse Mariela e Hilario, ella y él, la novia y el novio, atendiendo a que no debe priorizarse ningún género cuando se los menciona, para que a uno no lo acusen de machista y lo crucifiquen en el Monte de la Equidad levantado por quienes sostienen que es lo mismo orinar de parado que tener que sentarse para no chorrearse toda.
Pero ese es otro tema del cual mejor permanezco alejado y como apoyando la corriente mayoritaria para no ser crucificado en…¿ah?, ¡está bien, ya se, ya se que dije eso hace unos pocos renglones!
Volviendo a nuestro personajes: si ella fuera bellísima y él un futbolista famoso, ¡chau!…todos los canales de televisión y las revistas de figurones competirían para obtener una foto de ellos besándose.
Es más, hasta les pagarían para besarse y brindar a su ávido público la primicia del amor desenfrenado y sin tapujos que surgió entre otros dos famosos del jet set.
Y claro, con un beso en un boliche de moda y los flashes al rojo vivo, la relación estaría servida, aunque correría el riesgo de ser sumamente breve porque la maquinaria informativa no puede detenerse y el tiempo, señoras y señores es algo que mucho tiene que ver con esta historia.
Blanqueados estos aspectos que fueron modificados –ya lo aclaré más arriba- con la sana intención de que el título de este cuento fuera llamativo para que algunas personas más se sintieran atraídas a leer la historia de esta pasión-, paso a detallar otros aspectos.
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Mariela siempre vivió en Villa Martelli, como 20 cuadras más allá de la General Paz que Tecnópolis y para llegar al laboratorio donde trabaja, debe tomar un colectivo que durante más de 40 minutos zizaguea peligrosamente por la laberintica ciudad en medio del tránsito que viene desde el norte del conurbano, hasta que la deposita en la boca de una línea de subte que la deja casi cerca de su trabajo.
Hilario hace cinco años se mudó a una casita con jardín, heredada de su abuela en el hermoso barrio de Lomas de Zamora Centro, ubicado en la zona sur del Gran Buenos Aires, desde donde todas las mañanas se sube al ferrocarril Roca hasta Constitución y de allí se toma el subte hasta la oficina donde trabaja de pinche…
-¡Ah claro! –me interrumpe usted supuesto existente lector/a de cuentitos urbanos de amor, dirigiéndose al Mundo en general y señalándome con su índice acusador, - Este tipo (o sea yo) es muy obvio. Seguro que nos va a contar que una tarde de crepúsculos radiantes, donde se entremezclaban los últimos rayos color oro del sol con el fulgor rojo de las nubes y el azul profundo del cielo, se encontraron en el subte línea B y mientras el áspero tra-ca-trac de la ruedas contra las vías, se transformaba en el dulce talan-tilin-talan de celestiales campanas y en el multitudinario piar de aves. Seguro que ese entorno almibarado hizo desaparecer el cansancio de un día de trabajo para marcar el tiempo en que el amor lo puede todo, en que el amor es más fuerte (Tanguito dixit) incluso que las dos horas de tedioso viaje que ambos gastan cada día, de lunes a viernes.
Pero no lector/a.
Usted está cometiendo varios errores en su prisa por mandar este cuento a la mierda y encender la tele.
Trato de no ser muy convencional ni obvio al describir situaciones, y usted me considera así.
Primero –y fundamental dado el caso- es que el subte va bajo tierra y por más crepúsculo dorado-rojizo-azulado que haya no se ve un joraca. ¿sí?
Ah, y suponiendo que el techo del subte sea transparente y que el túnel también lo sea, los edificios tendrían que serlo también para poder ver la puesta de sol.
Pero si los edificios fueran transparentes…¡otra que Gran Hermano! ¡Nadie miraría el crepúsculo dorado-rojo-azulado!
Segundo, resulta muy difícil que alguien que no es futbolista famoso y que vive en Lomas, se cruce con una chica que no es bellísima y se domicilia en Villa Martelli, se enamoren en medio de un conglomerado urbano de más de 12 millones de personas donde casi no miran a nadie a los ojos ni en el subte, ni en el bondi, ni en la calle, ni en el laburo, ni en la plaza, ni en el secundario, ni en la pizzería, ni en el cine…
-Ah…¿Y cómo se conocieron si ella vive en Villa Martelli y él en Lomas de Zamora con más de 30 kilómetros de laberíntica ciudad de por medio? – vuelve a interrumpirme usted, copiando parte de la frase que escribí más arriba y que debo haberle afanado a alguien.
Para zafar de explicar cómo se conocieron podría apelar a decir que así lo dispuso el Destino o, como lo hice en otra historia donde un hombre y una mujer se tenían que cruzar en un determinado lugar a cierta hora ya establecida, porque así lo habían determinado antes de la creación de nuestro universo las Fuerzas de los Siete Arcanos (sea lo que fuere eso).
Pero no, no se preocupe. No voy a invocar ninguno de esos topicazos literarios.
La verdad es que no tengo la menor idea de cómo se conocieron.
-Pero señor…¿entonces para qué todo este palabrerío sobre la ciudad, los millones de habitantes, el crepúsculo, el subte transparente, Lomas de Zamora, Villa Martelli y etcétera- me pregunta usted, ya bastante indignado por lo que usted llama “mis incoherencias”, supuesto lector/a.
Le respondo que yo simplemente me encontraba describiendo a los personajes: dónde viven, cómo viajan a sus trabajos y fue usted, señor, señora, quién saltó de su sillón, arrojando el cuento al piso y adelantándose a mis palabras afirmó que yo iba a provocar un romántico pero posiblemente inexistente encuentro a varios metros bajo tierra, en un vagón de tren atestado, cuya temperatura superaba los 42 grados y donde más de 10 pasajeros ya estaban cianóticos y a punto de desmayarse por la falta de aire. Ella, con unos ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos mirando las piernas de un futbolista en pantaloncito cortos y cuando esos ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos se elevan, descubren, turbados, que el dueño de las piernas está atento a su mirar. Él con una bonita sonrisa y un “hola” dicho en silencio marcándolo muy pronunciado con los labios. Ella respondiendo con otro “hola” silencioso y turbado. Él en su primer intento de acercamiento fracasado porque justo en la estación Bulnes subieron como 20 personas más al subte. Ella sonriendo comprensivamente ante este primer fracaso. Él invitándola con un gesto a bajarse en la próxima estación y charlar en el andén. Ella respondiendo al gesto de él que la invitaba a bajar en la próxima para encontrarse en el andén, señalándose su reloj (que no usa, porque tiene el celular para fijarse la hora) para significar que está apurada. Él que baja del vagón y vuelve a subir por la otra puerta, la que lo deja más cerca de ella. Ella, que sonríe, haciendo brillar más sus ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos, agradablemente asombrada por la hazaña. Él preguntándole hasta qué estación va. Ella respondiendo que en dos estaciones más se baja. Él que se ofrece a acompañarla. Ella que acepta con un “dale”. Él que le sonríe compradoramente. Ella que camina hasta el colegio con él a su lado hablando ambos de intrascendencias. Él que le pide el número de su celular cuando se están despidiendo en la puerta del colegio. Ella que se lo da y, a su vez, le pide también su número. Él viendo como ella sube los escalones y pese a que vista desde atrás…no dice mucho, al menos tiene lindas piernas, aunque un poco cortas, pero como no quiere que lo sorprenda mirándole las piernas, da media vuelta y se marcha. Ella que se gira para decirle chau con la mano y ve que se está yendo. Él, que no sospecha siquiera que ella se dio vuelta para saludarlo. Ella que, mirándole las piernas, se dice que no tiene piernas de jugador de fútbol pero que es simpático. Ambos que no se llaman al otro día para no parecer desesperados. Ambos que se encuentran al día subsiguiente porque ella ese día no tiene clases o se hizo la rata. Él que se agacha un poco y la besa en la boca. Ella que responde a su beso mordiéndole muy suavemente los labios. Él, que siente apretarse contra su pecho las tetas de ella. Ella que siente que de repente la pija de él se pone más dura. Un crepúsculo amarillo-rojo-azulado que no se deja ver a través de los edificios porque no son transparentes…pero igual está ahí para contribuir a la magia del primer beso de esta historia.
Quizá haya sido así. No sé, porque le reitero señor, señora: No tengo la más pálida idea de cómo, cuando y dónde se conocieron, si es que alguna vez sucedió.
-¡Oia! ¿Este tipo (o sea yo) ahora me quiere hacer dudar que alguna vez se conocieron? Eso creo que ya lo contó en esa otra historia de las fuerzas de los siete arcanos. Si no se conocieron…entonces ¿de qué pasión me va a hablar?
-Señor, señora. Hay una grande, enorme diferencia entre verse y conocerse. En lo que a mi respecta, se que ellos se vieron una sola vez en un boliche de la Avenida Meeks en Lomas, donde él solía ir a bailar y ella fue invitada a la despedida de soltera de su amiga Felicitas, aquella que a los dos meses se divorció y que hoy vive en pareja con Estela por el barrio de Caballito.

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Si le preguntamos a él qué pasó esa noche, no recuerda nada especial. Te dice que bailó, que junó algunas minitas, que después le empezó a dar al vodka con fanta y al final se fue a dormir tipo 4 de la mañana porque el trago le pegó fuerte esa noche. No tiene ni el menor recuerdo de un par de ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos en los que se fijó después de ver las tetas de su dueña zamarreándose al compás de la música. ¿Cómo iba a recordarlo si todo eso duró apenas 3 segundos?
Si le preguntamos a ella que pasó esa noche, no recuerda nada especial. Apenas la sonrisa cómplice de un flaco al que sorprendió mientras le miraba las gomas y que con un gesto le hizo entender que estaban buenísimas…ah, y cuando salía del boliche tuvo tiempo de apreciar un amanecer apoteótico, teñido de oro, rojo y azul profundo que se venía perfilando desde el lado del naciente.
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Él, cuando se despertó, pasado el mediodía, aún con resaca, se fue a la costanera de Quilmes a ver si se enganchaba algo, pero se quedó mirando un picado en el que por dos veces debió alcanzar la pelota. La primera vez con la mano, la segunda pateándola y en ambas oportunidades lo hizo perfectamente.
-Quizá si me quedo un rato más, me inviten al picadito- se dijo.
Pero no. No era el día del año en que jugaba fútbol y se volvió a su casa sin transpirar la camiseta y como premio esa semana pudo caminar normalmente.
Ella, se volvió a su casa solita, tipo 8 de la mañana y se masturbó un buen rato antes de dormirse.
La despertó su mamá para que almorzara con ellos y su abuela, que los visitaba ese domingo.
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Ella no lo percibe a nivel conciente, pero cada vez que está fifando, una sonrisa que ya no recuerda se le aparece una fracción de segundo antes de cada orgasmo, obligándola a gritar su placer con más fuerza.
Él no recuerda de quien son, pero cada vez que acaricia unas buenas tetas, se le cruza durante centésimas de segundo la imagen de un par de ojos hermosos, grandes, brillantes y expresivos y no sabe por qué, al verlos en su mente, su pija se pone más dura.
Podemos decir que no se conocieron, pero también podemos afirmar que desde hace muchos años, en uno de los universos posibles, están apasionadamente enamorados el uno de la otra, la una del otro.
…Y eso trasciende a otros tiempos y universos, incluso al nuestro.

Los Duendes de Olvido





Los duendes del olvido son unos seres pequeños -muy pequeños- quienes hace como 260 años fueron infestados por el Virus J5-H7-U7 que modificó totalmente sus hábitos, especialmente sus hábitos alimenticios.
Este virus les provocó, entre otras cosas, un insaciable apetito que solo puede ser satisfecho si devoran los más dolorosos e intensos recuerdos ajenos.
Hasta aquel entonces, hace 260 años, los duendes habitaban en los agujeros de los árboles o en cuevas pequeñas que se arracimaban en las laderas de las más bellas montañas de cualquier lugar del mundo, lejos de los hombres y de haber seguido así, hubieran pasado inadvertidos para los estudiosos de la conducta humana, animal y duendal.
Hoy -pobres- por necesidad, se han hecho habitantes urbanos y sobreviven a duras penas malamente protegidos por los carteles de coca cola o de propaganda del gobierno y mientras intentan no ser devorados por las ratas, los perros, las hormigas y los gatos, con sus enormes y desorbitados ojos amarillos buscan esperanzados cada noche su alimento.
Este alimento, como lo señalé más arriba, consiste en los recuerdos ajenos, especialmente los recuerdos nocturnos, aquellos que desvelan a tantas personas que aunque no lo declaren, sospechamos que están sufriendo.
Los ojos abiertos en la oscuridad de una habitación de alguien que enamorado, ha sido abandonado por su amor; de alguien que necesitado, ha sido despedido de su trabajo, ejercen la fuerza combinada de todos los vientos del mundo sobre la duendidad de los duendes del olvido.
Llegan desde muy lejos. Algunos relatos hablan -aunque, bueno... ¿cómo comprobarlo? ¿no?- de duendes del olvido que atravesaron nevadas cadenas montañosas, procelosos océanos, casi impenetrables selvas y desolados desiertos durante días, para llegar hasta donde ellos descubrieron que está su alimento, porque así lo señalan, como un faro en la oscuridad más negra, un par de ojos pesarosos, que durante las noches permanecen abiertos.
Una vez llegados hasta allí, en esa habitación llena de recuerdos, con provisión de alimento abundante, engordan, se hacen perezosos, y siendo tan buenos amantes como lo son, se reproducen hasta el absurdo, mientras, por supuesto, devoran implacablemente, uno a uno todos los densos recuerdos del anfitrión.
Éste, generalmente no se da cuenta de la presencia de los duendes del olvido en su habitación, en su casa; pero sí nota que noche a noche, despertar a despertar, sus males de amores, sus recuerdos, ya no lo tienen tanto tiempo desvelado.
Nota que sus lágrimas son más aguadas; es decir, no tienen tantos condimentos; nota que ya no considera tan preciosos los besos que intenta revivir; nota que esas manos que añora, ya no acarician -en sus recuerdos- como al principio, cuando estaban hechas de la más suave seda de Benarés; nota que aquel trabajo del cual fue despedido, en realidad no era tan buena cosa…
Nota, en definitiva que los duendes del olvido están devorando todos sus recuerdos, dejándole el tan ansiado bálsamo del olvido… y por supuesto, lo adjudica al tiempo, ese que suponemos tan buen amigo…ese que suponemos nos alivia de todos los males.
Como dijimos antes, los duendes del olvido, con alimento suficiente, se reproducen en una escala imposible de imaginar para quienes no hayan estudiado sus hábitos y si bien son pequeños...muy pequeños, logran degradar los recuerdos más intensos en un lapso relativamente breve, nunca las 500 noches con las que se regodea en su dolor un poeta y cantor andaluz (exagerado, como todo andaluz).
Hay que considerar que si los duendes del olvido no acaban con su alimento en menos tiempo que esas 500 noches y se marchan en busca de otras lágrimas más suculentas, su tasa de reproducción -elevadísima-, llegaría a tal punto que infestarían de olvido hasta los actos más cotidianos de nuestros días...
Por ejemplo, olvidaríamos qué colectivo tomar para ir al trabajo...
Olvidaríamos el número de teléfono de nuestros amores de repuesto...
Olvidaríamos qué ruta agarrar para llegar hasta la base del Truncado…
Olvidaríamos quienes son nuestros mejores amigos...
Y quienes nuestros más acérrimos enemigos...
Nos olvidaríamos de comer...de abrigarnos cuando hace frío…
De leer…
De hacernos el amor....de mimarnos...de disfrutar
¡No! ¡Sería un desastre!
Nos pasaría eso que nuestras tías solteronas llamaban “morir de amor”.
Gracias a dios, esos recuerdos enormes y dolorosos, que nos desvelan, nunca duran con la intensidad necesaria para llegar a ser su alimento durante 500 noches, como lo afirma Sabina en su canción.
…Gracias a dios.

miércoles

El verdadero fin

La tarde se prolongaba en el canto de los grillos y en los destellos rojizos de un sol sumergido hace tiempo en el mar verde que llamamos la pampa.
Al almacén y pulpería del gallego Recabarren todavía no comenzaban a llegar los parroquianos habituales, aquellos que una vez terminada la jornada dura y siempre igual, se acercaban a sentirse un poco acompañados, beberse unas grapas y escuchar alguna que otra historia de las que saben rondar por estos confines y que sin que ellos lo sospechen, son las mismas que se escuchan en las sierras o en la intrincada selva del norte, donde habitan los gaúchos, como a sí mismos se llaman los brasileños de a caballo.
-Vea señor, mi padrino le habrá contado a su manera la historia del gaucho y el moreno, pero así como

viernes

Metamorfosis

Señor Juez:



Cuando me desperté el martes pasado, la decisión ya estaba formada dentro de mí, pero aún no lo sabía. Debí esperar para que se manifestara hasta el momento en que tomaba mi ducha matinal para darme cuenta que iba a realizar, en una semana exactamente, el hecho que cambiaría mi vida radicalmente.

Sí.
Tenía planificado transformarme en un ser completamente distinto: me iba a transformar en jirafa.

El primer previsible paso, después de bañarme y desayunar fue por supuesto visitar el zoológico para ir acostumbrándome a mis futuros congéneres y para aprender ciertos movimientos que de seguro iba a necesitar realizar a partir de la metamorfosis.

Antiguo reloj de cuarzo

Al principio, no hubo dudas con la historia, porque siempre Enrique hablaba de la cantidad de generaciones de su familia que habían vivido en el país. También sabíamos que esos italianos, vascos, portugueses y españoles se habían mezclado generosamente con los habitantes originales de esta tierra, de allí sus características físicas pertenecientes a pueblos originarios de las que él se enorgullece.
Por eso cuando preguntaron la hora y Enrique dijo entre apresurado y bromista:
-Pregúntenme la hora a mí, a mí- y sacó de entre sus ropas un reloj de bolsillo dorado, con su caja de acero muy trabajada con firuletes y arabescos, al cual se le abría una de las tapas para mirar la hora, supimos que se venía una historia de aquellas que solía contar sobre sus antepasados..

Globo de hidrógeno

(Cuento de la serie "Historias de nunca acabar")

 
Desde Pico Truncado, Provincia de Santa Cruz, Capital Nacional del Hidrógeno, escribo estas líneas que...
-“Pa” ¿que es el hidrógeno?- preguntó "Ella"
-Ufa...me ves que empiezo a trabajar y comenzás a interrumpir -protestó “Pa”.
Cabello negro, tez trigueña, excoriaciones en ambas rodillas flacas por caídas de la bici, remera y bermuda, ojos marrones, dentadura con agujeros por los dientes de leche faltantes, es lo menos parecido a “El Principito” que hay, pero como él, cuando formula una pregunta no la olvida hasta obtener respuesta.
-El hidrógeno es un gas que no tiene olor, color o sabor, que es 14 veces más liviano que el aire...-
-O sea, ¿sirve para inflar globos que vuelen?
-Si -resignado a las interrupciones, respondió "Pa"- pero resultaría peligroso hacerlo porque explota muy fácilmente.

miércoles

El vestido

.......................(1)...................


...Quizá presintió que morirse de a poco no le iba a convenir...y recibió las dos perdigonadas en la espalda casi en un solo sacudón...
¿De dónde venían?: nunca lo supo
¿Quién disparó?: una fracción de eternidad antes de morir posiblemente lo intuyó,...pero no pudo saber que estaba errado porque antes de confirmarlo solo fue carne muerta tirada en el callejón.
Había bebido toda la tarde el vino espeso y pendenciero del quilombo mientras jugueteaba con su reloj y los pechos de una galleguita devenida a puta en la isla maciel y en barrendera del salón cuando los clientes no aparecían....en un tiempo supo ser la preferida del Américo...pero ahora ya eso pasó, ahora era una más de las que trabajaban para él, una más del montón.

Estrellas

(A MODO DE EXPLICACIÓN: Cuando tenía alrededor de 52 años, me encontré por las calles de Caballito a quien fuera mi noviecita cuando ambos teníamos 14 años. No nos veíamos desde hacía más de 35 años. Ella me reconoció, yo jamás podría haberlo hecho, pese a que hacía unos días apenas me había estado preguntando qué habrá sido de ella. En cambio sentí tal shock que apenas llegué a mi casa me puse a escribir de un tirón, lo que sin correcciones está a continuación. Se que un escritor, salvo que escriba su autobiografía, no debe ser autobiográfico, pero bueno, aquí está)

De las noches que pasamos en vela atendiendo el pausado transcurrir de las estrellas sobre el negro manto del cielo, no se tienen registros en los archivos de los hombres.

El Tren

El tren hace su peregrinación desde siempre. Nunca nadie pudo decir con certeza cuál fue su lugar de origen, aunque casi todos los que lo ocupaban (por no decir todos), hacen sesudas especulaciones sobre él.

De más está decir que cada uno de los viajeros cree saber cuál es el destino, pero como hay tantos pasajeros y había habido -en el transcurso de las edades- muchísimos más, este destino manifiesto siempre desató impresionantes campañas, batallas y guerras para imponer la verdad de cada sector sobre las mentiras del otro.

Durante décadas se supo, fehacientemente, que el lugar de destino era tal o cual y después de algunas batallas, se estableció que antes habían estado equivocados y que en realidad el destino es otro, a veces diametralmente opuesto.

Cuento Rojo

En la fábrica



Soñamos con ser torre y desde el punto más alto de la ciudad espiar hacia las dos inmensidades que nos rodean: al oriente, el desierto, salvaje, ardiente, rojo, insalvable; y hacia el occidente al mar, que se expande fresco, verde, tumultuoso, infinito.

Sabemos que algún día lo haremos...Sabemos que es nuestro destino.

Lo supimos desde nuestra dolorosa creación, que fue un verdadero parto.

domingo

Bogas

Asociación: Soc. Grupo de personas formado para realizar un fin común. Biol. Relación entre dos organismos que conviven con o sin beneficio mutuo. En el primer caso se habla de simbiosis y en el segundo la relación recibe diferentes nombres (comensalismo, inquilinismo, parasitismo, etc.).
Diccionario Enciclopédico UNO Ed. Nuevo Océano. Pág. 147 Barcelona, España. 2007

Aquella tarde en que, desafiándonos entramos con Dany al ciber, hacía justo una semana que ambos, mirando pasar chicas, sentados en la vereda de una heladería de Rivadavia, frente al Shopping, discutíamos sobre la honorabilidad de los abogados, charla ésta que Dany remató diciendo:

sábado

El Chapa

Si, le sabemos el nombre, pero todos lo conocemos como el Chapa y tiene historia fea, por eso lo ves así. Ahora esta sucio, rotoso, pero hace unos dos años atrás el chabón laburaba de peón de fábrica, lo veías bien atendido por su jermu, tenía guita para ir a la cancha los domingos y claro, con su metro ochenta, ese pelo negrazo y los ojos azules, las minitas le sobraban "...Estefiiiiiii" , pero a él le gustaba ir a la cancha más que nada...

Cantora de Tangos

I
-Claro muchachos, dieron justo en el clavo al venir a preguntarme a mí. Yo conocía a su familia desde antes que ella nació. Vivían allá por Barracas. Después el destino nos mantuvo siempre cerca y fui testigo de todo lo que ella llegó a ser. Lástima que hoy tenga que viajar a Lincoln sino hasta fotos les traía, pero vivo como a media hora de acá y falta poco para que salga el tren. Pero por favor, sé que ustedes no vinieron por mi historia sino por la de la cantora. Escuchen:

Autorretrato

¡Uy...qué difícil va a ser esto!

Debo realizar un acto de magia y en pocos segundos comenzar a transformar esta página en blanco en un espejo y tenerlo listo para el taller literario de Mariano este jueves.

¡Pero si ni siquiera sé en qué tipo de espejo hay que convertirla!

¿Aquel común, sin biselado que descaradamente imita cada uno de mis gestos y duplica cada parte de mi anatomía?

Ese es el espejo que desde siempre conozco y en el que siempre rehúyo verme.

Un globo lleno de hidrógeno

(Cuento de la serie "Historias de nunca acabar")

Desde Pico Truncado, Provincia de Santa Cruz, Capital Nacional del Hidrógeno, escribo estas líneas que...
-“Pa” ¿que es el hidrógeno?- preguntó "Ella"
-Ufa...me ves que empiezo a trabajar y comenzás a interrumpir -protestó “Pa”.
Cabello negro, tez trigueña, excoriaciones en ambas rodillas flacas por caídas de la bici, remera y bermuda, ojos marrones, dentadura con agujeros por los dientes de leche faltantes, es lo menos parecido a “El Principito” que hay, pero como él, cuando formula una pregunta